Las técnicas de tejido ¿tienen un sentido? Una propuesta de lectura de los tejidos andinos

Las técnicas de tejido ¿tienen un sentido? Una propuesta de lectura de los tejidos andinos

No es necesario ya demostrar la importancia de los tejidos andinos en los Andes. Los autores que han estudiado más directamente las telas prehispánica; han subrayado el interés que presenta ese campo para el conocimiento de las sociedades andinas (Gayton 1961, Bird 1985).

Esto es lo que ha confirmado John Murra cuyas investigaciones etnohistóricas han revelado las diversas funciones - económica, social, política, militar, mágica atribuidas a las telas incas (Murra 1962).

Contrariamente a lo que se produce en la mayor parte de otros lugares del mundo, el estudio de los tejidos andinos se ve particularmente favorecido en los Andes Centrales y del CentroSur por la abundancia y la diversidad de las fuentes de información disponibles (fig. 1). Estas cubren de una manera más o menos continua cinco milenios.

En efecto, las tumbas prehispánicas de la región costera han aportado útiles de tejido e importantes cantidades de textiles, así como cerámicas cuya decoración brinda a veces informaciones preciosas sobre las técnicas de fabricación y sobre la utilización de los tejidos(2).

En la época colonial (siglos XVI y XVII), los textos escritos y la iconografía aportan informaciones sobre numerosos aspectos de la fabricación de los productos textiles contemporáneos o del siglo precedente a la conquista. Finalmente, hoy en día las tradiciones textiles son aún muy vitales en algunas regiones de la sierra, principalmente de Perú y Bolivia, y constituyen una veta de informaciones etnográficas cuya recolección y análisis continúan(3).

A pesar de su abundancia y diversidad, estas fuentes son todavía incompletas y de valor desigual. Al contrario de lo que sucede en la costa, el clima húmedo de la sierra no ha permitido la conservación de los tejidos prehispánicos. El resultado es que la producción antigua de la zona montañosa es casi únicamente conocida a través de piezas encontradas en el desierto costeño y atribuibles a las culturas donde la expansión cultural y eventualmente territorial alcanzó el Océano Pacífico -sobre todo, las culturas Chavín, Tiahuanaco, Huari e Inca.

A lo largo del período colonial, los ritos funerarios fueron perturbados por los españoles, los textiles no se han conservado en abundancia en las tumbas y las piezas de este período son muy pocas en relación a los ejemplos prehispánicos. Por último, hoy en día las tradiciones textiles han sobrevivido apenas en la costa.

A estas disparidades regionales y cronológicas, hace falta añadir que las colecciones conservadas en numerosos museos están desprovistas de su contexto arqueológico y muy frecuentemente, desconocemos también su procedencia, ya sea porque las mismas han sido constituidas a fines del siglo XIX, cuando los arqueólogos no utilizaban todavía métodos rigurosos, o porque las piezas provienen de un mercado internacional alimentado durante mucho tiempo por los hallazgos de los huaqueros o ladrones de tumbas.

Fuente: Revista Andina

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